
De más está decir que el 2008 no fue un año fácil sino todo lo contrario. Empezó con buenas expectativas y terminó a los tumbos después de la profunda crisis económica que sacudió a todo el mundo. Sin embargo, en las malas suele ser la cultura el refugio y la excepción al malhumor general. El calendario de shows se las rebuscó para estar a full de enero a diciembre y la escena siguió incluso más movediza que en años anteriores. Las opciones se multiplicaron.
La bandas de siempre pasaron por Rosario. Todo el espectro de figuritas del “rock nacional” hizo escala en la ciudad y el público acompañó. Una espejo fue el Quilmes Rock, que en su versión local de este año apostó a lo seguro con nombres que garantizan convocatoria: Bersuit, por un lado, y Los Piojos, más populares que nunca, cerrando a todo trapo el mini festival. En la otra vereda, pero acortando distancias, fueron saludables las propuestas de agrupaciones como Pez, El Mató a un Policía Motorizado, Los Álamos, Los Peyotes, que sin hacer demasiado ruido llenaron salas y se ganaron el aplauso a cuenta de calidad.
El reggae siguió firme y no es novedad. A esta altura, se puede decir y sin exagerar, que cualquier banda del género viene a la ciudad y arma un despiole importante de gente. Quizás habría que cambiar aquello de “Rosario es el rock and roll” y ser coherente con una movida que ya se ensanchó y es en efecto mucho más abierta y jugada. Otro dato alentador es el apoyo a la música independiente con propuestas como el Street Tour que juntó a 20 bandas sobre un escenario, a pura autogestión y esfuerzo de sus organizadores. El evento es un ejemplo de que acá sí se pueden hacer cosas y valga el reconocimiento para que se repita.
También fue el año de las fiestas que tienen al rock como eje. Después del recital o en su lugar, se afianzaron las opciones que combinan el boliche con el rock que no pasan en las radios. La Back to the Eighties, New Wave, Beat Club, Yolky Party, Planeta X; fueron algunos de los títulos que hicieron de excusa para mover los cuerpos con las canciones rescatas de vinilos.
El rock siguió creciendo en 2008 y las noches, empezando de miércoles a domingos, se poblaron de bandas; grandes, medianas, chicas y amateurs, de esas que revientan el local de amigos y conocidos. Todo vale y todo suma en el rock de Rosario. Desde Bob Dylan en el hipódromo o el multitudinario show de Calamaro en el Parque Alem hasta una banda sub 18 que junta un puñado de pibes en un boliche en el centro. Ir a un recital dejó de ser una opción sólo para entendidos o de tal o cual tribu. Los estereotipos quedaron atrás y hoy acercarse a un lugar a escuchar música es una salida como cualquier otra, sin distinción de “ondas”. ¿Y saben qué?, está muy bien que así sea. .

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