“Ser así como yo soy es un pacto con el diablo, sé que puedo ir al infierno pero no voy a cambiar”, reza una de las mejores líneas de “Descarriado”, el tema que abre la placa. Y no son sólo palabras tiradas al azar.
El segundo trabajo de The Broken Toys seguramente traerá un quiebre en la vida del grupo. ¿Por qué? Simple: porque es realmente bueno de principio a fin. La banda logra consolidarse como un exponente del rock vintage (moderno), despejando cualquier duda de continuidad creativa después de un gran disco debut.
Editado por Scatter Records y distribuido por Universal y Tommy Gun, Del lado equivocado es el nombre de esta placa que tiene 13 tracks con el más puro sonido de los Toys. “El demonio está dentro de mí” resume mucho de eso: inmejorables arreglos de vientos, un puente cuasi mágico donde la caja de la guitarra resuena e invita a bailar haciendo sonar los talones contra un piso de madera, y acompañar los bajos tonos de Mc Fly en un estribillo que se canta casi sin haberlo escuchado nunca.
Sus shows en vivo le devolvieron el baile a los recitales y este disco permite llevar eso a cada casa. Es un pecado no moverse al ritmo de melodías como “Mala pasada”, desparramar las piernas con la intro guitarresca de “Fuera de aquí”, o la más oscura “No vuelvas nena”. Pero también hay una calma en “Perros de la noche” y “Desde que no está”, y hay que destacar una versión de “Police Truck” de los Dead Kennedys con algunos arreglos que le dan un valor agregado a uno de los mejores temas del género.

Las letras son un cúmulo de andanzas (nocturnas en su mayoría, si habría que adivinar) que bien pueden ser relatos biográficos de algunos de los integrantes de TBT, aunque uno no puede dejar de imaginarse una escena en los años 50 ante cualquier palabra entonada con esa impronta particular que surge de la voz de uno de los más singulares cantantes que diera el rock local de los últimos años.
Pero la estética es fundamental. ¿Qué sería del rockabilly sin un jopo? ¿Y sin un traje? Los Toys entienden eso y su imagen habla por sí misma: el arte del disco; así como las fotos donde los seis músicos expresan música.
A pesar de lo sugestivo del título de la placa, parecería ser que nada está más lejos de lo que uno pudiera suponer. La banda mantiene una línea compositiva de un modo admirable, incluso ganando en arreglos, en pequeños guiños a altos vuelos musicales y logrando un sonido “grueso” y efectivo en todo momento. El lado equivocado podría ser cualquiera. Pero seguramente, después de escuchar este disco, se puede decir que The Broken Toys están del mejor lado: el lado del buen rock.