Lucía Rodríguez |
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Gustavo Villordo |
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Fecha: 8 de noviembre de 2008 – El Sótano
Desde hace ya cinco años, el Rosario Burning toma el mando de una noche de calor y la transforma en una fiesta, incitando incontrolablemente al baile, con esa música que resulta siempre tan contagiosa y seductora, tan hormonal y adolescente: el rockabilly y el surf rock.
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Este año, la invitación, siempre a cargo de The Broken Toys, incluía además a los rosarinos Aguas Tónicas, a Dead Rocks desde Brasil y a Thes Siniestros, oriundos de La Plata.
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La noche en El Sótano arrancó alrededor de la medianoche con Thes Siniestros, un trío con una estética muy atractiva y excelentes composiciones. Ocultando su identidad con antifaces, estos muchachos hicieron mover a los pocos presentes con las canciones de su álbum debut Ritmo vértigo, un gran disco en el que se entrecruzan el rhythm and blues, la psicodelia, el rockabilly y el surf rock. Luego de agradecer a TBT por la invitación se despidieron dando lugar a Aguas Tónicas.
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Si bien esta banda rosarina pareció a primera vista desentonar con la tradición de bandas que tocaron en anteriores Burnings, en cuanto empezaron a tocar todos cayeron bajo el efecto hipnótico de su música. Efectivamente, romper con la tradición siempre trae cambios positivos.
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El viaje de los Tónicas contó con canciones de su flamante disco Canal de amor y confusión, entre otras, logrando un repertorio corto pero conciso.
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Los brasileros de Dead Rocks se subieron al escenario y arrasaron con todo. Sacos rojos, lentes, luces encegecedoras y gente bailando al ritmo del mejor surf rock llevaron al festival a uno de sus momentos de mayor éxtasis.
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Para el final, con su guitarrista tocando abajo del escenario junto al público y tirando la casa por la ventana, los anfitriones estaban listos para ponerle el moño a una noche entre amigos y devotos del género.

The Broken Toys logró armar un show explosivo con lo mejor del nuevo disco Del lado equivocado y algunas canciones de Noche y pecados.
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Se hicieron las cuatro de la mañana y el subsuelo céntrico estaba en llamas, con Mc Fly cantando colgado de las vallas y el saxofonista tocando rodeado de parejas bailando en un recital que se convirtió en una fiesta que no quería acabar, pero que llegó a su fin con “Bad Lucy” y “Otra vez no”.
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La fiesta terminó y una nueva semana comenzó. Pero el fuego sigue intacto y vive en la eterna esencia del más salvaje y primitivo rock and roll y en el más entrañable deseo de dejarse arrasar por las tentaciones que este género y forma de vida depara.