Ariel Echecury |
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Gustavo Villordo |
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Fecha: 5 de julio de 2008 – Galpón 11, CEC
El año pasado, Massacre editó El Mamut, uno de los mejores discos del año y logró a través y gracias a él estampar sus marcas en el hall of fame del rock nacional. Sin estridencias ni a caballo de ningún hit radial, la banda del gordo Walas pegó el salto del under a la plana mayor –tocó en Obras el mes pasado– y el reconocimiento a su trabajo se hizo general. Massacre supo ser, en los 90 y principios de 2000, la banda preferida por músicos, como los Attaque 77 y Catupecu Machu, y fetiche del periodismo especializado que siempre recomendó la escucha de sus discos.
¿Qué debió cambiar Massacre para dejar atrás la categoría de “banda de culto” y hacerse un lugarcito en el mainstream local? Nada, absolutamente nada. Un cd prolijo, con las voces más al frente, la misma intensidad psicológica acostumbrada en las letras y una banda con experencia; son algunos de los pergaminos de El Mamut. Es que el público para propuestas de este tipo, que antes ni figuraba –o era muy menor– en una escena que se repite en fórmulas, lugares comunes y cosas recontra masticadas (y que seguirán apareciendo amén de su popularidad), se ensanchó de tal forma que le permitió el crecimiento a bandas que la vienen peleando hace rato.
No hace mucho, en 2006, Massacre tocaba a las cinco de la mañana en El Sótano para un puñado de personas que aguantaba la espera y el set de seis bandas previas. El sábado pasado, el grupo aterrizó en las instalaciones del Centro de Expresiones Contemporáneas (C.E.C.) para un show junto a Zona 84 (también participó de esa noche en el local de calle Mitre), en un presente que si bien es distinto al de aquel entonces, mantiene los mismos argumentos para subirse a un escenario.

Pasadas las 10, Zona 84 puso primera en un recital para comenzar a despedir Elemental y darle pista a lo nuevo que el grupo planea entrar a grabar en poco tiempo más. Todavía con gente entrando, la banda logró que los recién llegados apuraran el paso y enseguida se juntó un buen número frente a las tablas. “Pedro y Pico”, “Fantasmas” y “No me hundas” fueron los primeros temas de un set breve pero con la prolijidad que la banda del viaducto suele exhibir en vivo. A riesgo de caer en la reiteración, no se puede dejar de hablar de Zona 84 como uno de los créditos locales que mejor se para en un escenario (como lo notó el propio Walas y así lo expresó en un alto en el show de su banda). Fiel al estilo punk 77, el combo continúa haciéndose fuerte en ese sentido y ya da pistas de lo que se viene en un futuro nuevo trabajo discográfico. “Los chicos están bien”, “We're coming back” (Cock Sparrer) y “Camino a nosedonde” bajaron el telón al tiempo de Zona 84, que se fue entre aplausos y murmullos de buen show.
Tras más de 20 años de patear en la escena alternativa, Massacre creció también como propuesta musical y ya no es sólo la actitud y un manojo de carisma lo que paga la entrada. A todo aquello, le suma ahora un show aparte desde la guitarra de Pablo M., quien gana vuelo y presencia con solos de sello exclusivo. Una vez adentro los primeros temas, Walas soltó la lengua y se permitió varios comentarios: “Somos la banda que viene a solucionar los problemas psicológicos de los argentinos”. Entre ironías y frases cortas de este tipo, el cantante se cargó al hombro toda esa buena prensa que tiene la banda y la desparramó a gusto e piacere.
“La octava maravilla”, “Maggie May” (Rod Stewart), “El alma en la barca” y “Divorcio”, pasaron como parte de un set repleto de tracks de El Mamut, y que encontró eco en el joven público que pobló en discreta manera el C.E.C. La complejidad de las letras y su consecuente sube y baja emocional, son el pasaporte de ingreso al universo Massacre. Walas se sabe un personaje querible y, casi sin esfuerzo, hace y deshace con su histrionismo sobre el escenario. Desbordado de alegría, presentó una y otra vez a Fico (guitarra acústica y notebook), quien meses atrás sufrió un grave accidente y por suerte hoy la cuenta.
“Compulsión”, “Angélica”, “Reina de Marte” y “Te leo al revés”, le dieron pista al final de la noche que culminó con un entrada y salida para el bis y cierre con los clásicos “Plan B: anhelo de satisfacción” y “Diferentes maneras”. Así, Massacre trasladó su momento Obras a Rosario y tocó ante más fieles que en su última visita. De los pequeños escenarios, a llegar a más gente y oídos. Como para pensar (más) en grande.