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Shows | Lun, 3 de Abr de 2017

Metallica brilló en el primer día del Lollapalooza

 

Si bien el Lollapalooza es un festival que se va imponiendo año tras año, en su cuarta edición, como siempre en el Hipódromo de San Isidro, fue la primera vez que colgó el cartel de sold out, con un tope de las cien mil personas por jornada. Uno de los motivos, quizás, haya sido la presencia de Metallica, una banda que en sus últimas visitas al país había probado tener una convocatoria de dos estadios (River en 2010 y La Plata en 2014). Además, Metallica venía a presentar un nuevo disco de estudios que es el mejor de sus últimas dos décadas, y que sin dudas revitalizó al gigante metalero.

Cuatro escenarios, una nueva disposición de los dos principales, que ya no están más uno al lado del otro, sino enfrentados, además de las diferentes y cada vez mayores propuestas gastronómicas, el sistema Cashless, para cargar crédito a consumir durante las jornadas, etc. Todo esto es este circo musical llamado Lollapalooza. Una de las mejores noticias de esta edición es que, después de descentralizaciones caóticas en años anteriores, se mejoró el transporte de vuelta hacia Capital, al extender el servicio del ramal Mitre de tren. La premisa es la que busca todo festival, la de instalarse como un evento del cual es importante decir presente, vivir la experiencia, más allá de las bandas que toquen.

El dilema, para más de un fanático de Metallica, fue el de ser partícipe de este festival que abarca propuestas de diferentes géneros, y mezclarse con el que fue a descubrir a The 1975, o a disfrutar de The Chainsmokers. Algunos accedieron, y tomaron la decisión acertada, ya que Metallica dio un show demoledor de más de dos horas, y no defraudó a nadie.

Antes de Metallica, hubo una primera fecha en la cual León Gieco se presentó en plena tarde, a las tres y media, en el escenario principal, para dar el show que cualquier festival pide, una lista de temas que fue un derrotero de clásicos en formato rockero con los Infierno 18. Tomaron la posta (en los dos escenarios principales, siempre un show comienza en un escenario cuando termina en el otro) Glass Animals y Cage The Elephant.

 

 

A las seis y media de la tarde, en el segundo escenario, debutaron en el país (más allá del sideshow del Vorterix) The 1975, una de las bandas del momento de la música británica. Manchester lo hizo de nuevo. El cuarteto mancuniano está junto desde 2002, pero recién en 2013 editaron su primer disco homónimo, y el año pasado el segundo, de nombre innecesariamente interminable: "I like it when you sleep, for you are so beautiful, yet so unaware of it". Este último ambicioso y generoso por la cantidad de canciones, y de más de setenta minutos de duración. El desafío era, entonces, mostrar lo mejor de su repertorio en un set de una hora.

Después de la intro "The 1975", el pulso de la guitarra de "Love me" fue la primera muestra de la estética de pop rock que define al cantante Matthey Healy, el chico de la tapa, el que llama la atención por sus poses arrogantes, desfachatadas y seductoras. Healy presentó como "una canción de amor" a la exquisita balada "Change of heart", o "una canción sobre amar" (sutil diferencia mediante) a "Loving someone". Además, The 1975 le canta al sexo, a la atracción, y a las drogas, con hits instantáneos como "She´s American", "Girls" o "Sex".  Para bajar decibeles, Healy presentó como "una canción sobre Jesucristo" a la balada "If I believe you". Se despidieron con "Chocolate", uno de sus éxitos primitivos, y "Heart", que hizo bailar a todos.

Debutantes absolutos en Argentina, también con sideshow propio, el día anterior en Flores, Rancid se presentó en el escenario principal. El desembarco en el país de estos veteranos de guerra del punk rock, pata fundamental de la corriente que integran también Green Day o The Offspring, era una cuenta pendiente. Más de 25 años de carrera para una sociedad de Tim Armstrong en guitarra y voz, y el bajista Matt Freeman.

Cumpliendo a rajatablas la máxima ramonera de temas cortos, el set de los californianos comprimió una veintena de temas en una hora. Un recorrido por sus ocho discos de estudios, haciendo mayor hincapié en los clásicos de sus dos más exitosos, "Let´s go" y "...And out come the wolves". El viaje lo inició "Radio", la canción que escribieron con Billie Joe Armstrong de Green Day. Lars Frederiksen habló de la deuda con el país, "Nos llevó 25 años venir, lo sentimos mucho", y de su relación con Metallica, "21 años atrás hicimos este show con Metallica, los amamos", a ellos les dedicaron "Last One To Die".

La seguidilla vertiginosa pasó por "Old friend", "Rejected", "Tenderloin", su tema a Nueva York "Olympia WA", y "Honor is all we know", que da título a su último disco de 2014. Para el final dejaron sus mayores éxitos, el punk ska de "Time bomb" y "Ruby soho", con Tim Arstromg mezclándose en el público, y todos con la satisfacción de haber saldado una cuenta después de 25 años.

 

 

The xx volvía al país después de su show de octubre de 2013 en Mandarine Park, y con nuevo disco, "I see you", el tercero de estudios, que llega casi cinco años después de "Coexist". En su constante evolución, el trío británico no pierde su esencia minimalista, sus climas de intimidad, en donde cada uno de sus sonido toma un protagonismo mayor. El comienzo del set en el segundo escenario fue con "Say something loving" una de las nuevas canciones, y un homenaje a su Londres natal. Le siguió "Crystalised", y después volvieron al nuevo disco con "I dare you" y "Lips".

La voz sensual de Romy Madley se contrapone a la más grave que ofrece el bajista Oliver Sim, contrapunto que es sin dudas una de las claves de la banda. Como guitarrista, Madley dispara notas que quedan sonando, que marcan el ritmo. La cantante comentó que "la pasamos muy bien la otra vez que vinimos. Esta canción significa mucho para mí, por eso la voy a tocar sola". Así en "Performance", en soledad, se animó a rasguear la guitarra por momentos y a algunos arpegios. Más tarde, Sim comentó que "fuimos a ver a Metallica la otra noche, se lo recomendamos. Esta canción no es para los que están en pareja, sino para los que están solos", así presentó "Dangerous", que abre el último disco. 

En el último tiempo, rumores de separación del trío al margen, Jamie Smith desarrolló una carrera como productor, DJ y además publicó un disco en solitario, "In colour", del cual vienen tocando "Loud places". The xx capitaliza toda esta experiencia de Jamie xx, quien es quizás el responsable de hacer más bailable el sonido de la banda. Para moverse al final dejaron el nuevo hit "On hold" y se despidieron con "Angels".

Metallica volvía al país después de su show de clásicos a la carta en La Plata, tres años atrás. Actualmente con la presentación de "Hardwired... to self-destruct", su décimo disco, el primero doble, editado en noviembre pasado, como excusa para su quinta visita al país, y la primera dentro del marco de un festival. Pero hay que entender que Metallica trascendió las fronteras del heavy metal. El cuarteto de Los Ángeles se presentó en escena con dos temas nuevos, "Hardwired" y "Atlas, rise!", tal cual abre el disco que con buenas melodías, riffs justos, y el sonido demoledor de siempre, es el mejor trabajo de Metallica en veinte años.

"No importa a quién hayan venido a ver, ni sus creencias religiosas, ni sus pensamientos políticos. Ahora son parte de la familia Metallica". La bienvenida de James Hetfield, poniéndose a tono con el festival, fue antes de detonar el clásico "For whom the bells tolls", la lista de temas siguió rescatando temas viejos como "The memory remains". Si se dice que en este país se corea todo (letras y riffs de guitarra) el público hizo los coros y reemplazó automáticamente a Marianne Faithful. El himno "One" aportó, por lo menos en su intro, la calma después del envión inicial. Acto seguido, volvieron a la carga con más del disco nuevo, "Now that we are dead", una de las mejores de las nuevas canciones, "Moth into flame" y "Halo on fire", las más larga, que también tuvo en vivo su versión interminable.

El rescate emotivo para el primer tema del primer disco de Metallica, "Hit the lights", "Lars me dijo que no la tocamos nunca en Buenos Aires, bueno, ahora la tocamos", concluyó Hetfield. También de "Kill ´em all" llegó la infaltable "Seek & destroy", con imágenes de afiches del primer show de Metallica en Argentina, en Vélez 1993. En el medio otra parada obligada, "Master of puppets", y, en el primero de los bises, desafíaron sus propios límites de la velocidad con "Fight fire with fire".

Del álbun negro, el disco del cual más canciones tocaron, después de Hardwired..., primero hubo lugar para la seguidilla de "Sad but true" y "Wherever I may roam", y para cerrar los clásicos "Nothing else matters" y "Enter sandman". Un show de dieciocho canciones en más de dos horas, el set más largo de todo el festival, al igual que si fuera un show exclusivo. Metallica dio un show demoledor, con un sonido claro, contundente, y con James Hetfield mostrando una performance vocal inmejorable.

La jornada la cerró The Chainsmokers en el segundo escenario. El dúo de pop electrónico de Alex Pall y Andrew Taggart, productores y DJs de Nueva York, formado hace solo cinco años, que es sensación, con dos EPs y próximos a publicar su primer larga duración, Memories... do not open, en una semana. Así se arman las bandas hoy en día, en plena era del featuring. Por suerte todavía tenemos a Metallica.


Fotos gentileza Lollapalooza Argentina

Escrito por:
Martín Kekedjian
Hombre, 39 años
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