Los Chicos quieren Rock
Redondeando un festival que hace mucho tiempo se esperaba en esta ciudad, quizás en porcentajes, la más roquera del país; podemos sacar conclusiones más que positivas. La primera y fundamental es que el Quilmes Rock dejó una puerta abierta para el futuro. El mega show fue totalmente aceptado y avalado por el público; un primer día con casi 15 mil personas y un segundo con un poco más de 10 mil fueron una gran prueba de ello.
Si bien el fin de semana fue portador de precipitaciones en ambos días, la lluvia no fue obstáculo para la marcha que venía trayendo el espectáculo; sin más, con los treinta y pico de grados que venía haciendo en la semana, sino llovía, el Hipódromo Independencia se hubiera convertido en una verdadera caldera.
Ya ingresando el día viernes a la tarde, las dudas del estado del suelo daban vueltas en toda cabeza de quienes portaban la entrada. Totalmente alfombrado (con el mismo material que el Cosquín Rock) sobre placas rígidas el suelo se preparó eficazmente para soportar aproximadamente a treinta mil personas en las dos jornadas.
El predio atravesaba la pista llegando casi hasta el medio del verde césped de la parte central del hipódromo utilizando el paddock como platea y la parte final de la bandeja inferior como VIP. En éste se encontraban "figuras" de todo tipo que nadie conoce ni a nadie le importa, pero lo interesante es que miraban el festival por tv. Súper plasmas gigantes que se pusieron de moda desde que a alguien se le ocurrió hacer vips para mirarlos por una tele de 15 lucas antes de mirarlo en vivo. Una verdadera payasada. Dentro del sector de las tres letras se podían ver interesantes promotoras de la marca de la cerveza más conocida que lucían de manera catastrófica para cualquier roquero que tomaba Pepsi.
Desde la parte de abajo se apreciaba a la derecha de la tribuna, una especie de balcón con vista panorámica, donde entre otros músicos se los vio a Los Vándalos deleitándose con las bandas del día sábado.
Los stands son otro clásico en un rockfest. Teníamos de remeras y de comida solamente en éste, y por tercer festival de rock consecutivo el agua costaba más que la gaseosa. Un vaso camuflado de Pepsi (digo camuflado porque el primer día te comías que era cerveza, ya que decía Quilmes y no Pepsi) costaba tres mangos, la hamburguesa (la más fea lejos de los todos festivales de rock) dolía lo mismo que un súper pancho. Tres pesos también. Y la vedette de la noche (o sea el agua) 4 mangos, y si querías ser casi VIP, un agua con gas 5. Para los amantes de la picada, una bolsita de maníes estaba a dos y medio, el tema es que el maní se convierte en vicio, y el tamaño de la bolsita era escaso. Las galletitas saladas estaban a 4 y el helado de agua en palito a 3. El stand de la pilcha oficial ofrecía remeras a un precio casi conocido, 20 pesos la casaca del QR, tanto en blanca como en negra, sin discriminación alguna.
El tema de la seguridad fue efectivo; a la hora de despachar a tanta cantidad de gente se abrían puertas a los costados y era sólo cuestión de minutos. Bien. Muchos guardias de la Gum, y policías custodiando alrededor del predio, y manejando a medias las informaciones de ingresos y egresos. Sabemos el humor con el que cuentan a la hora de sentirse importantes con una pregunta tal como: ¿por dónde se ingresa? Negativo.
En el ingreso principal del hipódromo el primer día la cola fue gigantesca, muchos se comieron que tocaba Arjona o que vendían la entrada para Sabina; pero lo cierto es que hubo mucha concurrencia en el día inaugural. Las demoras se prolongaron y el descontento de algunos fue notorio al no ingresar a tiempo para disfrutar de las primeras bandas. Los trabajos de último momento postergaron un poco la apertura de las puertas, en lo que fue tal vez el único punto criticable a nivel organizativo.
Los puestos de sanidad, como siempre, al servicio de la comunidad, bien ubicados, uno detrás del paddock, y otro al costado del pogo, este último obviamente más reforzado. La no venta de cervezas en el festival, justamente de la cerveza, fue sin dudas "el colmo" del Quilmes Rock. Muchos músicos querían convertir el agua en cerveza, pero no fue eficiente. Un buen negocio para el próximo puede llegar a ser la venta de bebida beige y la de tabaco en papel. Ninguno de los dos presentes en esta edición.
A pesar de ser el primer festival, la organización relativamente respetó horarios programados (el reloj indicaba un retraso de 20 minutos en relación a lo que indicaban las grillas entregadas días atrás). La seguridad resultó efectiva y no se observaron ningún tipo de inconvenientes durante más de 48 hs. Salvo algunos arrebatos durante los pogos más grandes, la gente supo comportarse; actitud repetida tras las muertes de 2004. Iluminación adecuada para que los accesos y las salidas sean ordenadas, y baños químicos y del hipódromo en condiciones aceptables para soportar semejante cantidad de personas.
Mas allá de redondeos positivos o negativos acerca de ciertos temas puntuales, hay que dejar en claro la importancia que tuvo un festival en serio en una ciudad que lo necesitaba; esperemos que la edición 2007 sea realidad y Rosario siga con más rock, como siempre desde hace más de 40 años.